No suelo notar la falta de contacto físico, de un buen abrazo, hasta que alguien, sin previo aviso, me toca. Suena gracioso pero es así. El otro día en la universidad, mientras prestaba atención a la clase, sentí una contractura en el cuello. Llevé mi mano hacia allí. De repente, una amiga, sentada detrás, comenzó a hacerme masajes en esa zona. ¡Cuan desacostumbrado estoy! La primera sensación de mi cuerpo fue de amenaza. Luego pude distenderme y disfrutar de la samaritana actitud de mi amiga. Vivimos verbalizando los sentimientos y emociones desde una distancia "prudente", para evitar el contacto con los otros. Demasiados "Te quiero", "Sos mi mejor amigo", todo puesto en palabras. Pero escasas son las demostraciones de afecto que impliquen roce corporal. La Web, contribuye a solidificar más y más esa burbuja en la que cada uno se mueve, desde donde nos comunicamos. Es más fácil enviar una tarjeta virtual con alguna frase básica: " Gracias por existir" " Te adoro" "Felicidades" a esperar el momento en donde puedas demostrar todo eso con un abrazo sincero y cálido en el silencio de la amistad. A lo largo de mi aún, corta vida, he preferido dar afecto a esperar recibirlo. Estudiar teatro me desinhibió mucho para cruzar esa barrera que a otros, les cuesta tanto traspasar. Lo malo es cuando dejás de esperar esas señales y entonces, el día menos pensado, te toma por sorpresa un ser humano real, sin arrobas o triple www, como me pasó en la universidad.
28 abr 2009
27 abr 2009
La Teoría GAIA: La Tierra Como Planeta Vivo.
Respecto de las consecuencias que estamos sufriendo los seres humanos debido a nuestro trato irresponsable para con el mundo que nos alberga: catástrofes, epidemias, considero oportuno compartir con ustedes "La Teoría GAIA" para que reflexionemos un poco sobre nuestro papel como especie, sobre una supervivencia cada vez menos garantizada y el poder real de la naturaleza. La Tierra como un organismo vivo que se auto-regula. Somos pulgas sobre un perro y este, ha comenzado a rascarse. O sea, el mundo no nos tolera más, esa es la sensación.
"Efecto invernadero, agujero de ozono, lluvia ácida... los golpes que tiene que aguantarse este planeta. Hasta ahora nos ha protegido y proporcionado todo lo que necesitábamos: calor, tierra, agua, aire. Y su buen trabajo le ha costado. Ha necesitado millones de años para convertir un infierno de fuego y cenizas en un paraíso de océanos, montañas y oxígeno, superando no pocas vicisitudes en forma de choques de meteoritos, desplazamiento de continentes y glaciaciones brutales. Y ahora, Gaia, la Gran Madre, tiene que sufrir las bofetadas de sus propios hijos favoritos, los hombres. Sí, Gaia, la del ancho seno, eterno e inquebrantable sostén de todas las cosas, la que fuera diosa de la Tierra para los antiguos griegos, es un organismo vivo. Todo nuestro planeta es un organismo vivo, magníficamente dotado para dar a luz las condiciones medioambientales óptimas para el desarrollo de plantas y animales. O por lo menos eso postula la extraordinaria teoría científica formulada por el bioquímico inglés James Lovelock."
Subido a YouTube por XXOOpisces.
Gripe Porcina.
Todavía no nos reponemos del zumbido peligroso del dengue y ya tenemos frente a nosotros otra amenaza: la gripe porcina, sobretodo en México, donde comenzó el virus, los muertos llegan a 103. Estados Unidos declaró la emergencia sanitaria, con algunos casos confirmados. España detectó su primer enfermo. Francia, Israel, Colombia, Canadá y Nueva Zelanda con casos sospechosos. Por lo menos, el Gobierno Mexicano, declararon Estado de Emergencia Nacional, cosa que el Gobierno Argentino, lamentable en su accionar como siempre, no ha hecho con el dengue; al contrario, aún oculta información sobre la situación real.
La influenza o gripe porcina es una enfermedad seria pero curable si se trata a tiempo. No hay una vacuna aún; pero si retrovirales. ¡Cuánta paranoia más va a traer! En los aeropuertos, con los controles en migración, por si aparecen pasajeros con posibles síntomas. Cuando leía ayer, que el D.F en México se había convertido en una ciudad fantasma, para evitar todo tipo de aglomeraciones humanas, una de las mayores causas de riesgo, me angustié mucho. Tengo amigos queridos allá. Espero, pueda controlarse pronto esta epidemia. Según los medios, ya han detectado la cepa, sin embargo, fabricar la vacuna podría tardar seis meses aproximadamente. Rogando que el virus no mute más.
A rezar y a tener fe. No nos queda otra.
23 abr 2009
Me Ven.
Se me ocurrió pedirle a la gente de mi ámbito laboral que opine sobre mí. ¿Cómo me ves?: fue la pregunta. Me contestaron:
Guapo, inteligente, culto y sofisticado. Muy buen tipo. Medio caído del catre. Todo lo que yo no soy. Flaco bohemio y soñador. Tipo desestructurado. Loco divertido. Carita triste. Artista.
Nervioso y obsesivo. Tenés que frenar. Modelo. Bueno imitando a los demás. Buen amigo, aunque cancelás muchas salidas. Te veo histérico a veces. Otras veces mejor, tan... no sé. Admirable. A veces no cumplís lo que prometes; te adoro igual. Poeta sensible. Zarpado. Careta culto. Desprejuiciado. Mezcla de paisano y tipo urbano. Un lobo estepario. Demasiado susceptible. Un guacho. A veces sos un poco falso con algunas personas. Un día sos re simpático; otros, venís con tremenda cara de culo, re antipático.
Lo extraño, fue que nadie me preguntó luego ¿Y vos cómo te ves? O sea, la gente confunde opinión con postulado. Te sellan. Sos un decreto. Sin importar lo que tengas para decir al respecto. A nadie le interesa saber como me veo, como soy. ¿Para qué reflexionar sobre quién soy? Los otros ya lo han hecho por mí. No obstante, la completa información que recibí es fundamental. Me conocen muy bien. Soy todo eso.
Guapo, inteligente, culto y sofisticado. Muy buen tipo. Medio caído del catre. Todo lo que yo no soy. Flaco bohemio y soñador. Tipo desestructurado. Loco divertido. Carita triste. Artista.
Nervioso y obsesivo. Tenés que frenar. Modelo. Bueno imitando a los demás. Buen amigo, aunque cancelás muchas salidas. Te veo histérico a veces. Otras veces mejor, tan... no sé. Admirable. A veces no cumplís lo que prometes; te adoro igual. Poeta sensible. Zarpado. Careta culto. Desprejuiciado. Mezcla de paisano y tipo urbano. Un lobo estepario. Demasiado susceptible. Un guacho. A veces sos un poco falso con algunas personas. Un día sos re simpático; otros, venís con tremenda cara de culo, re antipático.
Lo extraño, fue que nadie me preguntó luego ¿Y vos cómo te ves? O sea, la gente confunde opinión con postulado. Te sellan. Sos un decreto. Sin importar lo que tengas para decir al respecto. A nadie le interesa saber como me veo, como soy. ¿Para qué reflexionar sobre quién soy? Los otros ya lo han hecho por mí. No obstante, la completa información que recibí es fundamental. Me conocen muy bien. Soy todo eso.
Día Internacional Del Libro.
Hoy es el Día Internacional del Libro, promulgado por la Unesco desde 1996, así que para festejarlo les obsequio este texto maravilloso:
"La Casa Encantada" de Virigina Woolf.
"La Casa Encantada" de Virigina Woolf.
A cualquier hora que una se despertara, una puerta se estaba cerrando. De cuarto en cuarto iba, cogida de la mano, levantando aquí, abriendo allá, cerciorándose, una pareja de duendes.
«Lo dejamos aquí», decía ella. Y él añadía: «¡Sí, pero también aquí!» «Está arriba», murmuraba ella. «Y también en el jardín», musitaba él. «No hagamos ruido», decían, «o les despertaremos.»
Pero no era esto lo que nos despertaba. Oh, no. «Lo están buscando; están corriendo la cortina», podía decir una, para seguir leyendo una o dos páginas más. «Ahora lo han encontrado», sabía una de cierto, quedando con el lápiz quieto en el margen. Y, luego, cansada de leer, quizás una se levantara, y fuera a ver por sí misma, la casa toda ella vacía, las puertas quietas y abiertas, y sólo las palomas torcaces expresando con sonidos de burbuja su contentamiento, y el zumbido de la trilladora sonando allá, en la granja. «¿Por qué he venido aquí? ¿Qué quería encontrar?» Tenía las manos vacías. «¿Se encontrará acaso arriba?» Las manzanas se hallaban en la buhardilla. Y, en consecuencia, volvía a bajar, el jardín estaba quieto y en silencio como siempre, pero el libro se había caído al césped.
Pero lo habían encontrado en la sala de estar. Aun cuando no se les podía ver. Los vidrios de la ventana reflejaban manzanas, reflejaban rosas; todas las hojas eran verdes en el vidrio. Si ellos se movían en la sala de estar, las manzanas se limitaban a mostrar su cara amarilla. Sin embargo, en el instante siguiente, cuando la puerta se abría, esparcido en el suelo, colgando de las paredes, pendiente del techo... ¿qué? Yo tenía las manos vacías. La sombra de un tordo cruzó la alfombra; de los más profundos pozos de silencio la paloma torcaz extrajo su burbuja de sonido. «A salvo, a salvo, a salvo...», latía suavemente el pulso de la casa. «El tesoro está enterrado; el cuarto...», el pulso se detuvo bruscamente. Bueno, ¿era esto el tesoro enterrado?
Un momento después, la luz se había debilitado. ¿Afuera, en el jardín quizá? Pero los árboles tejían penumbras para un vagabundo rayo de sol. Tan hermoso, tan raro, frescamente hundido bajo la superficie el rayo que yo buscaba siempre ardía detrás del vidrio. Muerte era el vidrio; muerte mediaba entre nosotros; acercándose primero a la mujer, cientos de años atrás, abandonando la casa, sellando todas las ventanas; las estancias quedaron oscurecidas. Él lo dejó allí, él la dejó a ella, fue al norte, fue al este, vio las estrellas aparecer en el cielo del sur; buscó la casa, la encontró hundida bajo la loma. «A salvo, a salvo, a salvo», latía alegremente el pulso de la casa. «El tesoro es tuyo.»
El viento sube rugiendo por la avenida. Los árboles se inclinan y vencen hacia aquí y hacia allá. Rayos de luna chapotean y se derraman sin tasa en la lluvia. Rígida y quieta arde la vela. Vagando por la casa, abriendo ventanas, musitando para no despertarnos, la pareja de duendes busca su alegría.
«Aquí dormimos», dice ella. Y él añade: «Besos sin número.» «El despertar por la mañana...» «Plata entre los árboles...» «Arriba...» «En el jardín...» «Cuando llegó el verano...» «En la nieve invernal...» Las puertas siguen cerrándose a lo lejos, distantes, con suave sonido como el latido de un corazón.
Se acercan más; cesan en el pasillo. Cae el viento, resbala plateada la lluvia en el vidrio. Nuestros ojos se oscurecen; no oímos pasos a nuestro lado; no vemos a señora alguna extendiendo su manto fantasmal. Las manos del caballero forman pantalla ante la linterna. Con un suspiro, él dice: «Míralos, profundamente dormidos, con el amor en los labios.»
Inclinados, sosteniendo la linterna de plata sobre nosotros, nos miran larga y profundamente. Larga es su espera. Entra directo el viento; la llama se vence levemente. Locos rayos de luna cruzan suelo y muro, y, al encontrarse, manchan los rostros inclinados; los rostros que consideran; los rostros que examinan a los durmientes y buscan su dicha oculta.
«A salvo, a salvo, a salvo», late con orgullo el corazón de la casa. «Tantos años...», suspira él. «Me has vuelto a encontrar.» «Aquí», murmura ella, «dormida; en el jardín leyendo; riendo, dándoles la vuelta a las manzanas en la buhardilla. Aquí dejamos nuestro tesoro...» Al inclinarse, su luz levanta mis párpados. «¡A salvo! ¡A salvo! ¡A salvo!», late enloquecido el pulso de la casa. Me despierto y grito: «¿Es este el tesoro enterrado de ustedes? La luz en el corazón.»
«Lo dejamos aquí», decía ella. Y él añadía: «¡Sí, pero también aquí!» «Está arriba», murmuraba ella. «Y también en el jardín», musitaba él. «No hagamos ruido», decían, «o les despertaremos.»
Pero no era esto lo que nos despertaba. Oh, no. «Lo están buscando; están corriendo la cortina», podía decir una, para seguir leyendo una o dos páginas más. «Ahora lo han encontrado», sabía una de cierto, quedando con el lápiz quieto en el margen. Y, luego, cansada de leer, quizás una se levantara, y fuera a ver por sí misma, la casa toda ella vacía, las puertas quietas y abiertas, y sólo las palomas torcaces expresando con sonidos de burbuja su contentamiento, y el zumbido de la trilladora sonando allá, en la granja. «¿Por qué he venido aquí? ¿Qué quería encontrar?» Tenía las manos vacías. «¿Se encontrará acaso arriba?» Las manzanas se hallaban en la buhardilla. Y, en consecuencia, volvía a bajar, el jardín estaba quieto y en silencio como siempre, pero el libro se había caído al césped.
Pero lo habían encontrado en la sala de estar. Aun cuando no se les podía ver. Los vidrios de la ventana reflejaban manzanas, reflejaban rosas; todas las hojas eran verdes en el vidrio. Si ellos se movían en la sala de estar, las manzanas se limitaban a mostrar su cara amarilla. Sin embargo, en el instante siguiente, cuando la puerta se abría, esparcido en el suelo, colgando de las paredes, pendiente del techo... ¿qué? Yo tenía las manos vacías. La sombra de un tordo cruzó la alfombra; de los más profundos pozos de silencio la paloma torcaz extrajo su burbuja de sonido. «A salvo, a salvo, a salvo...», latía suavemente el pulso de la casa. «El tesoro está enterrado; el cuarto...», el pulso se detuvo bruscamente. Bueno, ¿era esto el tesoro enterrado?
Un momento después, la luz se había debilitado. ¿Afuera, en el jardín quizá? Pero los árboles tejían penumbras para un vagabundo rayo de sol. Tan hermoso, tan raro, frescamente hundido bajo la superficie el rayo que yo buscaba siempre ardía detrás del vidrio. Muerte era el vidrio; muerte mediaba entre nosotros; acercándose primero a la mujer, cientos de años atrás, abandonando la casa, sellando todas las ventanas; las estancias quedaron oscurecidas. Él lo dejó allí, él la dejó a ella, fue al norte, fue al este, vio las estrellas aparecer en el cielo del sur; buscó la casa, la encontró hundida bajo la loma. «A salvo, a salvo, a salvo», latía alegremente el pulso de la casa. «El tesoro es tuyo.»
El viento sube rugiendo por la avenida. Los árboles se inclinan y vencen hacia aquí y hacia allá. Rayos de luna chapotean y se derraman sin tasa en la lluvia. Rígida y quieta arde la vela. Vagando por la casa, abriendo ventanas, musitando para no despertarnos, la pareja de duendes busca su alegría.
«Aquí dormimos», dice ella. Y él añade: «Besos sin número.» «El despertar por la mañana...» «Plata entre los árboles...» «Arriba...» «En el jardín...» «Cuando llegó el verano...» «En la nieve invernal...» Las puertas siguen cerrándose a lo lejos, distantes, con suave sonido como el latido de un corazón.
Se acercan más; cesan en el pasillo. Cae el viento, resbala plateada la lluvia en el vidrio. Nuestros ojos se oscurecen; no oímos pasos a nuestro lado; no vemos a señora alguna extendiendo su manto fantasmal. Las manos del caballero forman pantalla ante la linterna. Con un suspiro, él dice: «Míralos, profundamente dormidos, con el amor en los labios.»
Inclinados, sosteniendo la linterna de plata sobre nosotros, nos miran larga y profundamente. Larga es su espera. Entra directo el viento; la llama se vence levemente. Locos rayos de luna cruzan suelo y muro, y, al encontrarse, manchan los rostros inclinados; los rostros que consideran; los rostros que examinan a los durmientes y buscan su dicha oculta.
«A salvo, a salvo, a salvo», late con orgullo el corazón de la casa. «Tantos años...», suspira él. «Me has vuelto a encontrar.» «Aquí», murmura ella, «dormida; en el jardín leyendo; riendo, dándoles la vuelta a las manzanas en la buhardilla. Aquí dejamos nuestro tesoro...» Al inclinarse, su luz levanta mis párpados. «¡A salvo! ¡A salvo! ¡A salvo!», late enloquecido el pulso de la casa. Me despierto y grito: «¿Es este el tesoro enterrado de ustedes? La luz en el corazón.»
FIN
Fuente consultada: www.ciudadseva.com
Bajo Radiación.
Hoy estuve conversando con alguien que ha dedicado gran parte de su vida a concientizar sobre las consecuencias fatales a mediano y largo plazo que producen las radiaciones emitidas por las antenas de telefonía y los teléfonos móviles. Las cuales provocan en las personas enfermedades y síntomas alarmantes. La radiación es acumulativa. No nos damos cuenta porque es igual a meter un sapo en una olla con agua y hervirla de a poco, el sapo se queda quieto porque no sabe que lo están hirviendo y muere así. Nos preocupamos por el Dengue, sin embargo, no comprendemos o aceptamos que vivimos bajo un paraguas, atravesados por ondas electromagnéticas todo el tiempo, que no son inocuas. Es una exposición constante a la radiación. En la ciudad de Buenos Aires superaría ampliamente los márgenes tolerables. No es nada lindo lo que cuento. Pero hoy me impactó este tema sobre el cual existe mucha información científica. Los gobiernos y empresas de telefonía, ponen en primer plano sus intereses económicos y hacen oídos sordos a las consecuencias, protestas, mal formaciones, muertes de centenares de personas por haber vivido frente a antenas de telefonía. No entienden que TODOS estamos afectados bajo ese paraguas. Para mayor información podés visitar la página www.avaate.org Me dejó muy preocupado el asunto. ¿Podríamos volver a vivir sin celular para preservar nuestra salud?
Más Info: www.avaate.org
22 abr 2009
Hoy Es El Día De La Tierra. ¿Mañana No?
"El Día de la Tierra es un día festivo celebrado en muchos países el 22 de abril. Su promotor, el senador estadounidense Gaylord Nelson, instauró este día para crear una conciencia común a los problemas de la contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger la Tierra."
Todo bien, lástima que solo un día merezca la Tierra que nos alimenta y resguarda. Es tan hipócrita la fecha, como el Día de la Madre o como el Día del medio ambiente. Debiéramos pensar y hacer algo por el bien de nuestro planeta todos los días. Sin embargo, seguimos devastando, contaminando y agotando recursos sin pausa. Nos consideramos la especie más inteligente. Entonces, por qué las demás especies del planeta tienen, por ejemplo, la capacidad de auto- regular sus poblaciones y nosotros no? Por el contrario, invadimos un sitio, lo exprimimos y continuamos expandiéndonos como un virus sin control. Me da mucha pena ser humano a veces.
Subido a YouTube por Newgusita.
Fuente consultada: Wikipedia.
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